La Niña de la Esperanza

El Rinconcito Cofrade 18 diciembre 2010 Comentarios desactivados

Hoy no soy yo la que hablo en esta basílica, al lado de la Madre de Dios. Mi voz es esta noche “Macarena” y es esta antigua corporación de nazarenos la que dicta y dirige mis palabras en este día en el que tiene el honor y el orgullo de recibirte como hermana.

Aunque hoy se hace público y efectivo el vínculo, tú, Ana María, ya estabas ligada a la Macarena desde mucho antes. Desde que conocimos tu historia y nos emocionamos con tu curación, con la fe de tu madre y tu abuela en Santa Ángela , en las Hermanas de la Cruz , y en esa Hermana que haría de ti milagro para subir a los altares. Desde el día 18 de septiembre, fecha de la beatificación de Madre María de la Purísima de la Cruz en el Estadio Olímpico. Ese día hiciste tu primera comunión ante los ojos de la Virgen de la Esperanza, en un acto, el segundo en 28 años en Sevilla, de glorificación de una hermana de la cruz, porque Dios te eligió como instrumento para mostrar al mundo la santidad de Madre María de la Purísima.

Y, además, las Hermanas de la Cruz con las que te unen tantos lazos de cariño, de gratitud, están íntimamente ligadas a la Virgen de la Esperanza, de la que son camareras y madrinas de su coronación canónica, y a esta hermandad. Son muchos años de vinculación y de afecto, de camino común.

Por eso el que te unieras a la Hermandad de la Macarena era solo cuestión de tiempo, de momento propicio. Y ese día es hoy, la víspera de Su festividad, cuando la Virgen está aún más cerca de sus devotos, casi se funde con ellos a ras de suelo para escuchar sus problemas y devolverles ilusión, la Esperanza en grado puro.

Ana María tú eres la niña del milagro de Madre María de la Purísima. Un milagro rotundo. Los médicos calificaron la evolución de tu enfermedad de excepcional y la recuperación de difícilmente explicable y no previsible. Gracias a su intercesión recuperaste la salud. Quiso Dios que fuera precisamente una niña, tú, la receptora del milagro que glorificó a Madre Purísima, que dedicó su vida a la formación de la infancia y la juventud. Y que sucediera así al inicio del proceso de la Beatificación, y que no admitiera dudas.

Tenía prisa el Señor. Prisa porque tú te curaras y pudieras disfrutar de tu infancia, y prisa porque Madre María de la Purísima subiera a los altares.

Con tus inocentes y lindos diez años representas a todas las personas que viven diariamente los pequeños milagros de la nueva beata, que son muchas. Solo que en tu caso la Iglesia lo ha reconocido públicamente tras los estudios de tribunales médicos y de las altas instancias vaticanas.

Y también eres, aunque no lo sepas, la niña de la Esperanza. La de tus padres y abuelos que tuvieron fe y vieron concedida su petición de verte crecer sana y feliz. La de miles de personas que sufren y se encomiendan a diario a Madre María de la Purísima y a Santa Ángela de la Cruz y al ver que en ti ha sido posible confían aún más si cabe en ellas, en su intercesión. Tú eres la prueba palpable de que Dios actúa a través de sus santos. De que siempre hay que tener confianza en Él y por supuesto Esperanza. Como nos dice esta Virgen que ríe su pena. Por eso ríe, porque ante la oscuridad, aunque sepa que el cielo puede estar muy negro aún quedan cosas buenas por venir, aun faltan por llegar nuevos rayos de sol para iluminar nuestras vidas. Eso, en definitiva, es Esperanza, eso es Macarena.

Texto.- Dª Gloria Gamito
Foto: Arturo Candau.

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